Lo que va quedando claro es que el ciudadano estadounidense Pedro
Pablo Kuczynski está peleado con la verdad. La mentira es su fuerte.
Cuando se hizo candidato, dijo que iba a renunciar a la ciudadanía
norteamericana; hace unos días alegó que no tiene tiempo para llenar los
formularios de su renuncia y ayer, que de todas maneras renunciará
cuando sea elegido y que los trámites están iniciados pero que no puede
mostrarlos porque son confidenciales.
Lo cierto no es que este pirañita cosmopolita no quiera dejar la mamadera gringa, sino que no siente amor por el Perú. Renunció a la nacionalidad peruana en 1982 al jurar fidelidad a los Estados Unidos con una declaración realmente de película.
Aquí una parte del juramento: “Por este medio declaro bajo juramento, que renuncio absolutamente y por completo y abjuro toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera de quien o del cual haya sido sujeto o ciudadano antes de esto; que apoyaré y defenderé a la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todo enemigo, extranjero y nacional; que profesaré fe y lealtad reales hacia el mismo, que portaré armas bajo la bandera de Estados Unidos cuando lo exija la ley…”.
Más claro ni el agua que Kuczynski quiere privatizar, que quiere vender a sus amigos sedientos de poder y dinero. Hay algo más. Se rehúsa a renunciar a su nacionalidad gringa porque si lo hiciera tendría que devolver el 15% de todas sus ganancias con la camiseta del Tío Sam. También mintió al decir que sólo tiene una empresa en los Estados Unidos. Tiene cuatro y es posible que tenga más. Él lo niega claro, pero la verdad siempre sale a la luz.
Si Kuczynski llegara, con ayudita de Alan García y su viejo escudero publicitario Hugo Otero, malos vientos y peores tiempos se acercan. Kuczynski no cree en nada ni en nadie, su Dios es el dinero y los negocios. Si llegara no será presidente sino el terrateniente con odio visceral a los que piensan distinto y el atropellador de las formas democráticas de la convivencia.
Lo cierto no es que este pirañita cosmopolita no quiera dejar la mamadera gringa, sino que no siente amor por el Perú. Renunció a la nacionalidad peruana en 1982 al jurar fidelidad a los Estados Unidos con una declaración realmente de película.
Aquí una parte del juramento: “Por este medio declaro bajo juramento, que renuncio absolutamente y por completo y abjuro toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera de quien o del cual haya sido sujeto o ciudadano antes de esto; que apoyaré y defenderé a la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todo enemigo, extranjero y nacional; que profesaré fe y lealtad reales hacia el mismo, que portaré armas bajo la bandera de Estados Unidos cuando lo exija la ley…”.
Más claro ni el agua que Kuczynski quiere privatizar, que quiere vender a sus amigos sedientos de poder y dinero. Hay algo más. Se rehúsa a renunciar a su nacionalidad gringa porque si lo hiciera tendría que devolver el 15% de todas sus ganancias con la camiseta del Tío Sam. También mintió al decir que sólo tiene una empresa en los Estados Unidos. Tiene cuatro y es posible que tenga más. Él lo niega claro, pero la verdad siempre sale a la luz.
Si Kuczynski llegara, con ayudita de Alan García y su viejo escudero publicitario Hugo Otero, malos vientos y peores tiempos se acercan. Kuczynski no cree en nada ni en nadie, su Dios es el dinero y los negocios. Si llegara no será presidente sino el terrateniente con odio visceral a los que piensan distinto y el atropellador de las formas democráticas de la convivencia.